La obra de duplicación de la avenida Bodereau continúa avanzando con distintos frentes de trabajo sobre un corredor clave para la conexión entre Córdoba, Saldán y Villa Allende. Sin embargo, mientras desde el Gobierno provincial destacan el progreso de las tareas hidráulicas, cloacales y viales, comerciantes de la zona aseguran que el impacto económico y operativo se hace cada vez más difícil de sostener.
Los trabajos comenzaron oficialmente el 10 de noviembre de 2025 y, en aquel momento, se había anunciado un plazo estimado de entre siete y ocho meses para su finalización. Hoy, con más de medio año de intervención constante, el panorama todavía muestra cortes, maquinaria pesada, desvíos y sectores donde resta ejecutar buena parte de la infraestructura prevista.
Según informó la Provincia, la obra ya presenta un avance del 27 por ciento y actualmente se trabaja de manera simultánea en colocación de cañerías cloacales, colectores pluviales, pavimentación y movimiento de suelo en distintos tramos de la avenida.

Entre las tareas previstas para esta etapa se destacan trabajos entre Cruz Alta y Agua Sacha, Monte de los Gauchos, Huayna, De La Torre y Goyena, además de nuevas bocacalles y repavimentaciones laterales.
El proyecto contempla la duplicación de calzada en 3,7 kilómetros, nuevas redes cloacales, desagües, semáforos, una rotonda de acceso a Saldán, mejoras peatonales, iluminación y mobiliario urbano.
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Pero mientras las máquinas avanzan lentamente, sobre la avenida también crece el malestar de quienes viven y trabajan en el sector.
Muchos comerciantes llevan meses observando desde la puerta de sus locales cómo los cortes y las dificultades de acceso reducen drásticamente la circulación de clientes. En varios tramos, ingresar a negocios se volvió complicado por zanjas abiertas, montículos de tierra o calles parcialmente bloqueadas.

Algunos propietarios aseguran que las ventas cayeron de manera considerable desde el inicio de la obra y que sostener alquileres, servicios y salarios se transformó en un desafío diario. Incluso, algunos comercios ya debieron cerrar sus puertas ante la imposibilidad de mantener la actividad.
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“Hay días en los que directamente no entra nadie”, comentan comerciantes de la zona, que reconocen la importancia futura de la obra, pero cuestionan los tiempos y la falta de soluciones temporales para sostener la actividad económica mientras duren los trabajos.
La transformación de Bodereau promete mejorar notablemente la conectividad vial hacia Sierras Chicas y resolver históricos problemas de infraestructura y anegamientos. Sin embargo, a más de siete meses del arranque, vecinos y comerciantes siguen esperando señales más concretas sobre cuándo podrán volver a una circulación normal.