De aquel nene que no quería ir a judo a competir entre los mejores del mundo
Agustín Gil, judoca de Villa Allende, atraviesa uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva. Después de representar a la Argentina en los Juegos Sudamericanos y competir en el Mundial de Judo en Azerbaiyán, su gran objetivo es llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
En una entrevista con Leo Moreno en Despertar Serrano, por Radio Nexo, Agustín repasó su historia, los sacrificios que implica el alto rendimiento y el camino que lo llevó a competir en la elite internacional.
Su vínculo con el judo comenzó casi por casualidad. Su papá lo llevó a entrenar cuando tenía apenas cuatro años, aunque al principio no le gustaba demasiado. «Los primeros tres meses pataleaba en el auto para que no me llevara», recordó entre risas.

El gran cambio llegó a los 14 años, cuando ganó la final de un Panamericano Sub-15 disputado en Córdoba. En la categoría libre, enfrentó a un brasileño que pesaba aproximadamente el doble que él.
«Terminé ganando esa lucha, y la verdad que ese fue como el punto de quiebre, entre decir: “Bueno, podemos llegar a mucho”», contó. Desde entonces comenzó a tomarse el deporte con mayor seriedad y pasó a formar parte de la selección argentina.
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Sacrificios, viajes y una pasión que no se negocia
La carrera deportiva también significó resignar momentos con familiares y amigos. Cumpleaños, fiestas y salidas quedaron muchas veces en segundo plano por los entrenamientos y las competencias.
«Me he perdido muchas cosas desde esa edad (…) cumpleaños ni hablar, me perdí 500 de mi viejo, de mi vieja, de mi hermana, de mis amigos, de todo el mundo», relató.

Sin embargo, lejos de arrepentirse, aseguró: «Agradezco al Agustín de chico que se haya dedicado al deporte, porque la verdad que amo el judo».
Su participación en el Mundial de Azerbaiyán fue otra experiencia inolvidable. Después de un viaje de entre 30 y 40 horas, tuvo la posibilidad de enfrentarse en tercera ronda con un rival bicampeón mundial y medallista olímpico.
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Aunque quedó eliminado por sanciones, rescató el aprendizaje y la confianza que le dejó el combate. «Estar ahí compitiendo con ese tipo de rivales y poder llegar a hacerle frente creo que es un gran paso (…) de decir que se puede llegar a conseguir mucho más», afirmó.

Los Ángeles 2028, el gran objetivo
Detrás de los resultados hay una rutina exigente: entrena entre cinco y seis horas diarias, viaja constantemente y debe afrontar los gastos de preparación, alimentación y estudios. Actualmente cuenta con una beca del ENARD, apoyo del Ejército —donde es soldado deportista— y una beca de la provincia de Córdoba. Además, estudia Nutrición en la Universidad Católica de Córdoba, aunque debió poner la cursada en pausa por sus compromisos deportivos.
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El camino tampoco estuvo libre de obstáculos. Una lesión grave en el isquiotibial lo dejó nueve meses fuera de competencia y frustró sus posibilidades de continuar la clasificación para París 2024.

«Te va preparando para la vida y, a medida que van pasando estas situaciones, vas teniendo más herramientas para usarlas en el futuro», reflexionó sobre aquella experiencia.
Ahora, toda su energía está puesta en el próximo ciclo olímpico. «Tenemos la mentalidad de tratar de clasificar de manera directa», aseguró.
Con el respaldo de su familia, la camiseta argentina y años de trabajo detrás, Agustín Gil sigue avanzando hacia un sueño que empezó cuando era apenas un chico que no quería subirse al auto para ir a entrenar.