Probablemente ni ellos deben saber la magia que provocaron en este pueblo casi vencido, en este pueblo cansado, cabizbajo.
Quizás jamás sepan que nos volvieron a dar esas fortalezas para no bajar los brazos, porque se convirtieron en eso, en el mensaje vivo y en el ejemplo de seguir para adelante, con coraje, con corazón, con esperanza, con ilusión, con resiliencia. Pensar en lo colectivo, en la familia, en la unión, en el amor.
Volvieron para darnos todo eso que en medio de tanta individualidad creemos perdido, que es mucho más que una copa. Eolver a creer, a confiar. Nos trajeron y regalaron alegrías. Con sufrimiento, porque así es Argentina, con sudor. Esas alegrías que se convierten en el mimo en el alma que necesitamos, el abrazo que esperamos y volver a pensar, confiar y amar a nuestra celeste y blanca tan pisoteada, bastardeada, dividida, poco respetada y defendida en los últimos tiempos.
El orgullo de ser argento y volver a recordarnos quienes somos, a través de ustedes, a través de esas publicidades que solo existen en un mundial, en cada juntada con nuestras familias y amigos, en cada grito, en cada abrazo, en los festejos compartiendo la pasión con quienes tenés al lado y que ni conoces, pero que es argentino, y eso basta para reconocernos y cantar eufóricos hasta quedarnos sin voz.
Devolvieron la identidad, el sentido de pertenencia y fueron el motivo para unirnos una vez más y defendernos entre nosotros. Porque aunque en el mundo nos castiguen, y cuando las papas queman, no hay para un argentino como otro argentino. Todo eso que somos, y que solo ustedes fueron capaces de devolver, de engrandecernos, de inflarnos el pecho al reconocer todo lo bueno que tenemos, esas virtudes que tenemos. Que sí tenemos…
No es la copa, son ustedes. Sus lágrimas, sus emociones, su coraje y garras, su jamás bajar los brazos. Nos hicieron sentir identificados y nos enseñaron a que las cosas funcionan mejor si estamos juntos, con humildad, con compañerismo y solidarios. Nos hicieron volver a recordar, que aunque nos crean hundidos, siempre sabemos salir adelante.
Nos reivindicaron, y le demostraron al mundo que aunque nos intenten callar, seguimos luchando por lo que es nuestro: levantaron alto a las Malvinas, a nuestros héroes sin importar las consecuencias. Para muchos de nosotros, esa fue nuestra verdadera final.
Y por todo esto, está claro que no necesitamos una copa para sentirnos campeones y orgullosos con ustedes y de ustedes.
Estamos seguros, que sintieron lo mismo que nosotros de este lado, que esto no es solo fútbol. Que es mucho más. Que es pasión, que es sentimiento, que es contexto, que es historia. Y lo sentimos en cada pelota y en cada himno que cantaron. Como ningún otro.
Esta hinchada nunca te deja, ni te dejará de alentar. Aunque pasen los años, aunque cambien los rostros, aunque vengan muchos 10 más a los que respetaremos y abrazaremos, esta selección, esta hinchada, no te deja ni te dejará de alentar.
Gracias infinitas por cada alegría, por cada picardía, por reivindicarnos, por hacernos sentir vivos, por cada centímetro de amor. Ahora, somos nosotros los que estamos en deuda con ustedes.
Y como leí en algún lado, entre tanta marea emocional: “el verdadero milagro fue haber coincidido en tiempo y espacio para verte jugar”. Fueron y son, más que una selección.
Sean eternos.
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