En Argentina, preguntarnos “¿de qué clase soy?” no es un simple ejercicio sociológico: es una herramienta concreta para entender cómo vivimos, cómo consumimos y cómo tomamos decisiones financieras. Y, sobre todo, para saber si nuestro modelo doméstico, o incluso nuestro modelo de negocios, está funcionando o ya quedó agotado.
En su columna semanal en Anexados, Mercedes Bacile invitó a la audiencia a sincerarse: “Nuestros ingresos mensuales ayudan a determinar en qué parte de la pirámide social estamos. No para definirnos, sino para saber desde dónde tomamos decisiones y hacia dónde queremos ir.”
Ingresos, gastos y movilidad: la pirámide argentina hoy
Bacile explicó que en un país con más del 50% de informalidad laboral, analizar los ingresos no es tan sencillo como ver un número. Hay que distinguir entre:
- Ingresos recurrentes (sueldo, trabajo estable)
- Ingresos complementarios (extras, changas, trabajos variables)

Esa mezcla puede cambiar la clase a la que pertenecemos, pero también puede ponernos en riesgo: “Si consumo en base a ingresos variables, pero los gastos son fijos, aparece la deuda. Y cuando la deuda se descontrola, comprometemos ciclos futuros.”
La reciente publicación de la pirámide social elaborada por la consultora de Guillermo Oliveto volvió a poner el tema en agenda. Y con ello, el viejo rasgo argentino: la ilusión, y tensión, de la movilidad social.
El riesgo de creer que el año ya está perdido
En tono distendido, pero con claridad conceptual, Bacile retomó una frase del aire: “El año está perdido”. Y la desarmó:
“Cuando decimos eso, es como sacarnos los botines antes de que termine el partido. Pero enero y febrero van a llegar igual. Los resúmenes también. Todavía estamos a tiempo de ordenarnos.”
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Incluso recordó una publicidad famosa de Telecom en la que un hombre toma decisiones impulsivas creyendo que un meteorito destruirá la Tierra… hasta que el meteorito se desvía. “¿Cuántas veces tomamos decisiones financieras desde ese mismo lugar?”, preguntó.
La pregunta que disparó todo: “Tío, ¿de qué clase soy?”
En medio del programa, el conductor sumó una anécdota. Su sobrino, de unos 20 años, le preguntó: “¿De qué clase soy? Yo soy clase media, ¿no?”.
Bacile tomó la posta:
“Podemos ubicarnos en la pirámide según ingresos, sí. Pero eso es solo el punto de partida. Lo importante es saber si ese lugar es sostenible, si mis gastos coinciden con mis ingresos y si mis decisiones financieras tienen sentido.”

Tres conceptos clave para ordenar la economía familiar
La columna giró en torno a tres pilares:
- Rentabilidad → En hogares, es el ahorro posible.
- Nivel de ingresos → Recurrentes y complementarios.
- Nivel de gastos → Lo que realmente sale (no lo que creemos que sale).
“¿Cuántas veces medimos estos ítems?”, planteó Bacile.
La respuesta es conocida: casi nunca.
Por eso la recomendación es simple: registrar, anotar, chequear. Dato mata percepción.
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Consumir con coherencia
Bacile destacó algo crucial: podemos pertenecer a una clase por nuestros ingresos fijos, pero vivir como si perteneciéramos a otra. Allí se rompe el equilibrio.
“Si fuerzo mi estructura con tarjeta, créditos o pago mínimo, estoy tensionando algo que quizá ya no es viable.”
Y eso no necesariamente está mal: puede ser un momento transitorio. Lo importante es saberlo y no vivir desconectados de nuestra propia realidad financiera.
El rol de la familia en la toma de decisiones
Un tramo emotivo y cotidiano de la charla se dio cuando se recordó cómo antes se enseñaba economía en el hogar: comprar caramelos, aprender límites, manejar el billete justo, comparar precios.
“Los chicos que dejaron de ir a comprar caramelos perdieron la noción de la teoría de la restricción”, dijo Bacile. “Bienes escasos, necesidades ilimitadas. Esa es la base de la economía.”
Por eso la invitación final fue clara: incluir a los chicos en la economía familiar, conversar, revisar gastos juntos y ayudarlos a aprender desde temprano.
Conclusión: ubicarnos para decidir mejor
“Esto no es para definirnos ni etiquetarnos”, cerró Bacile.
“Es para conocernos. Para ordenar. Para saber desde dónde queremos subir y con qué herramientas contamos.”
Una columna que deja una idea central: el bienestar financiero no se hereda ni se recibe. Se construye, se conversa y se decide.
Por Mercedes Bacile – Columna de Bienestar Financiero

Mercedes Bacile
Córdoba, Argentina
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