Lo que aprendí de Catriel y Paco sobre pensar como empresa

En la última entrega de premios de la música hubo algo que me llamó profundamente la atención, pero no fue la ropa, la performance ni el show alrededor. Fue el discurso del dúo Catriel y Paco Amoroso, y la manera en que condensa muchas de las ideas que vengo trabajando hace tiempo en estas columnas.

Mientras una parte del público se concentraba en si estaban vestidos de Versace, en si imitaban al Diego o en los gestos que hicieron sobre el escenario, yo elegí mirar el contenido. Porque detrás de esa cáscara estética había un mensaje muchísimo más importante: cómo un proyecto artístico se convierte en un modelo de negocio sustentable.

Cuando el éxito te encuentra con herramientas

Sigo a Catriel y Paco desde hace un tiempo, precisamente porque representan algo que intento transmitir siempre: la resiliencia y el valor de llegar al éxito con herramientas, no de golpe y sin estructura.

En su agradecimiento, Paco dijo algo que debería estar enmarcado:
Empecé a los 25 años, nunca es tarde para empezar.

Lo repito porque es clave. A muchos les cuesta iniciar proyectos por miedo a “haber empezado tarde”. Y no, tarde es no animarse. Ellos son la prueba.

Somos una empresa”: el momento que me hizo detener la oreja

Pero lo que realmente me hizo decir “de esto quiero hablar” fue la frase de Catriel:
“Somos una empresa.”

Me fascinó escucharlo. Porque resume un proceso real: aprender a negociar, profesionalizar la carrera, rodearse de gente idónea, hacer números, armar planes, entender que el talento solo no alcanza.

En una entrevista contaron que tuvieron que “aprender el Excel” y contratar a alguien para entender sus propios números. Les juro que me reí sola, porque es exactamente lo que escucho todos los días en clientes, emprendedores y profesionales que llegan a mi consultorio financiero:
“Sé hacer lo mío, pero no sé hacer los números.”

Y ahí es donde empieza la transformación.

El arte también necesita modelos de negocio

Durante mucho tiempo se instaló la idea de que el arte va por un carril y la empresa por otro. Que el artista no debe “mancharse” con conceptos como rentabilidad, planificación, gestión o contratos.

Yo digo todo lo contrario.

Un proyecto sin estructura es un proyecto frágil.
Un proyecto sin números es un proyecto que se cae.
Y un proyecto sin formalidad es un proyecto que no crece.

Por eso uso ejemplos como este para reforzar algo que repito siempre:
necesitamos modelos de negocios sustentables, incluso, o especialmente, en los oficios creativos.

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Rodearse de profesionales también es parte del éxito

Catriel y Paco lograron capitalizar su Tiny Desk, su paso por Jimmy Fallon, sus virales y su crecimiento internacional. Eso no es casualidad. Eso es estrategia.

Y no están solos.
Me gusta compararlo con otros casos que también mencioné en la columna:

  • José Palazzo, que profesionalizó el Cosquín Rock y habló de sustentabilidad en una charla TED.
  • Messi, que se confesó en un foro económico diciendo que hoy quiere aprender más de gestión e inversiones.
  • El Kun Agüero, que diversificó, invirtió en empresas tecnológicas y tomó decisiones financieras con base en conocimiento.

Tres perfiles distintos, una misma enseñanza: hay talento, pero también hay estructura detrás.

Ser artista, jugador, empleado o emprendedor… pero siempre empresario de uno mismo

Acá viene el corazón de mi columna.

Ser empresario no es una mala palabra.
El problema es que el concepto se distorsionó por casos mediáticos y aislados. Pero la verdad —la que veo todos los días— es que las empresas reales dan trabajo, arriesgan capital y sostienen economía genuina.

Entenderse como empresa no significa tener un edificio ni cien empleados.
Significa tener:

  • visión a largo plazo,
  • planificación,
  • herramientas,
  • gestión,
  • y capacidad de tomar decisiones informadas.

Incluso si trabajás en relación de dependencia, esa empresa es tu cliente.
Y vos sos tu propio proyecto.

Reflexión final

Catriel y Paco Amoroso son mucho más que un dúo musical.
Son el ejemplo de que el arte puede ser rentable sin perder creatividad, que profesionalizarse no resta, suma, y que pensar como empresa no es traicionar el talento, sino potenciarlo.

Y, sobre todo, confirman algo que repito desde que empecé esta columna:
el crecimiento sostenido no depende del éxito, sino de la gestión.

Ojalá tengamos más artistas, más emprendedores y más profesionales que, como ellos, se animen a decir:
“Somos una empresa.”

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