En la columna de este miércoles, nos referimos a los cambios de contexto y la necesidad de sincerar nuestros números.
Por Mercedes Bacile, licenciada en Administración especializada en Mercado de Capitales – Bienestar Financiero.
Como mencionamos en la columna pasada, estamos atravesando un periodo de adaptación a un nuevo modelo. Realizar gastos ya no es ahorrar. Ya se cuenta con otras herramientas financieras, y el ahorro volvió a su concepción correcta, que en términos generales es lo que puedo invertir luego de haber cumplido con mis obligaciones.
¿Cómo pasamos de esa dinámica “ingreso techo” – “gasto techo”? En la actualidad, podemos decir que estamos más cerca de “ingreso piso” y “gasto techo”, que es el peor de los mundos para el ahorro. Pero, ¿cuánto de gasto es realmente gasto? ¿Y cuánto es deuda?
Y en un contexto de suba de tasa de deuda, son herramientas que vuelven a generar condicionamientos futuros. Por eso, nunca fue tan importante como hoy llegar a un orden. Gestionar nuestras finanzas no es solamente calzar ingresos con gastos y que sea un milagro que sobre algo.
En una analogía perfecta, hacer eso es solo supervivencia. Si queremos poder vivir nuestras finanzas, debemos sincerarnos más. Hacer números reales, tener esas conversaciones incómodas acerca de qué estilo de vida vivimos y si realmente lo podemos mantener, pelear cada precio si nos parece que está desfasado, o decir “no” si no podemos al menos por ahora.
Eso no nos hace más restrictivos, nos hace más conscientes acerca de nuestros propios números.
En definitiva, eso es buscar mayor bienestar, aún en lo que siempre nos quita el sueño: nuestras finanzas.
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