En una nueva edición de Turisteando, el bloque de viajes de Despertar Serrano, Leo Moreno nos llevó hasta el oeste de La Rioja para descubrir una de las grandes maravillas naturales de la Argentina: el Parque Nacional Talampaya.
Para conocerlo mejor, dialogó con José Gallo, guía del parque, quien dejó en claro que Talampaya es mucho más que las imponentes paredes rojizas de su famoso cañón.
“Tenemos casi 14 ofertas para realizar la visita a distintos sectores. No es solamente el Cañón de Talampaya”.

La propuesta, según contó, se adapta a todos los gustos: desde quienes buscan turismo activo hasta aquellos que prefieren disfrutar del paisaje con mayor tranquilidad.
“Para los que les gusta el turismo activo hay mucho, mucho para hacer. Y para aquellos que son un poco más pachorra, también hay muchas cosas para hacer”.
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El Cañón de Talampaya puede recorrerse en bicicleta, caminando o a bordo de diferentes vehículos. También existen propuestas especiales para disfrutarlo con luna llena o durante el atardecer. A eso se suman lugares como Cañón Arco Iris, Ciudad Perdida y Alto San Nicolás, con vistas panorámicas que permiten apreciar buena parte del oeste riojano.

Pero Talampaya también es un enorme viaje hacia el pasado. El parque comparte junto al Parque Provincial Ischigualasto, en San Juan, la declaración de Patrimonio de la Humanidad, debido a su enorme valor científico.
“Lo que nosotros tenemos en superficie es un registro de aproximadamente unos 60 o 70 millones de años de historia de la Tierra”.
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En esta región aflora una parte fundamental de la historia del planeta, correspondiente principalmente al período Triásico, incluso anterior a la aparición de los grandes dinosaurios que todos conocemos, que fue en el periodo jurásico.
“Siempre decimos que lo más viejo que conocemos son los dinosaurios, pero todo esto es antes de los dinosaurios”.


Esto se puede apreciar en el recorrido auto guiado que se encuentra al ingreso del Parque Nacional. El Sendero del Triásico, que exhibe aquella fauna ya fosilizada, onde se puede observar representaciones de estos predecesores de los dinosaurios como el Cinodote “parecidos al pecarí”, también “unos bichos parecidos a unos cocodrilos, otros bichos parecidos justamente a dinosaurios raptores que andaban en dos patas,”.
El valor de Talampaya también es cultural. En el parque se conservan importantes registros de pueblos prehispánicos y sitios arqueológicos que siguen siendo estudiados. Incluso, durante los últimos años se realizaron nuevos descubrimientos.
“Este año encontramos dos sitios nuevos y el año pasado también se encontraron sitios y grabados nuevos”.
Uno de los puntos más impactantes es un sector del Cañón de Talampaya donde se conservan más de 3.000 grabados en piedra, testimonio de las culturas que habitaron y recorrieron esta región siglos atrás.

Para recorrer los principales atractivos del parque es necesario hacerlo mediante excursiones habilitadas y acompañados por guías, una modalidad vinculada tanto a la seguridad de los visitantes como a la conservación del patrimonio natural, paleontológico y arqueológico.
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Y para quienes quieran armar un viaje más amplio, Talampaya puede ser apenas el comienzo. Desde Villa Unión, un buen punto para hacer base, también se puede recorrer la zona de Chilecito con su imperdible que son el museo y las primeras estaciones del cablecarril, la Cuesta de Miranda con sus bellos paisajes, Vinchina y la espectacular Laguna Brava que es un sitio Ramsar (significa que está reconocida a nivel internacional como un humedal de enorme valor ecológico).


En definitiva, como resumió José Gallo durante la charla, un solo día parece no alcanzar. Entre cañones, fósiles, arte rupestre, paisajes de altura y propuestas para todos los ritmos, Talampaya invita a quedarse un poco más y mirar el paisaje con otros ojos.